Celebramos nuestro segundo aniversario con un programa de gran intensidad emocional y profundidad expresiva, en el que la música de cuerdas se convierte en un espacio de memoria, reflexión y belleza contenida.

Riazanova.

El programa reunirá tres obras para cuerdas que trazan un recorrido contrastante: la intensidad autobiográfica de Dmitri Shostakovich, el rescate de una partitura rara vez interpretada de William Herschel, y la luminosa serenidad romántica de Joseph Suk.

La velada abrirá con la Sinfonía de Cámara Op. 110a de Dmitri Shostakovich, arreglo para orquesta de cuerdas realizado por Rudolf Barshai a partir del Cuarteto de cuerdas no. 8 en do menor, Op. 110. Escrita en 1960, esta obra es una de las páginas más personales y conmovedoras del compositor ruso. Su lenguaje concentra tensión, memoria, duelo y una fuerza expresiva profundamente humana. El cuarteto original fue dedicado “a las víctimas del fascismo y la guerra” y posteriormente se convirtió, en la versión orquestal de Barshai, en una de las obras más impactantes del repertorio para cuerdas.

 

Uno de los momentos más singulares del concierto será la interpretación de la Sinfonía no. 8 en do menor de William Herschel, compositor, músico y astrónomo germano-británico recordado universalmente por el descubrimiento del planeta Urano. Antes de consolidarse como una figura fundamental de la astronomía, Herschel desarrolló una importante y sólida carrera musical: fue intérprete, organista, director y compositor. Su Sinfonía no. 8, escrita en 1761.

 

La inclusión de esta obra representa un gesto de exploración artística por parte de la OMSA. Se trata de una partitura muy rara vez interpretada, que podría constituir un posible estreno en México. Con ello, la orquesta reafirma su vocación de acercar al público no solo las grandes obras del repertorio, sino también piezas de enorme valor histórico que pocas veces llegan a los escenarios.

El programa cerrará con la Serenata para cuerdas en mi bemol mayor, Op. 6 de Joseph Suk, una obra de juventud escrita en 1892, cuando el compositor checo estudiaba bajo la guía de Antonín Dvoƙák. La serenata nació como una respuesta luminosa a la inclinación melancólica de Suk, y se convirtió pronto en una de sus obras más queridas. Su carácter cálido, lírico y expansivo ofrece un cierre de gran belleza para una noche dedicada a celebrar la permanencia, el crecimiento y la identidad artística de la orquesta.